domingo, 9 de octubre de 2016

El Cementerio de Ampuero. 1ª Parte


EL CEMENTERIO DE AMPUERO está situado en lo alto de una colina desde la que se ven las montañas que rodean a la villa, es un lugar tranquilo y bien urbanizado. Como señaló Garper, parece un jardín de reposo y hay que agradecérselo al trabajo del actual enterrador Manuel Maza, así como a su padre Amadeo y a su abuelo Benito. Habría que añadir la gran mejora que disfrutó en la época del párroco Adolfo Linares.






Este cementerio es uno de los más artísticos de la región porque conserva uno de los mejores grupos de panteones construidos a principios del siglo XX, la mayoría por indianos, que regresaron a Ampuero después de vivir en México o Cuba.







En su entrada nos recibe un espectacular ángel con los brazos extendidos apoyado en tres columnas de inspiración neoclásica. El ángel con expresión solemne abre sus brazos en señal de acogida, porta en cada mano una corona de laurel, símbolo de la victoria. Custodia a los muertos y garantiza su resurrección.

















No podía estar situado en mejor sitio, a la entrada del camposanto como una especie de faro, de guía hacia el cielo, inspirando consuelo. Contribuye junto a los bonitos panteones que lo rodean a hablar de la muerte con cierta melancolía aristocrática.










La palabra cementerio procede del griego y significa dormitorio, de ahí viene que los muertos estén descansando en paz, a la espera de la otra vida. Los cementerios comenzaron a diseñarse a finales del siglo XIX como pequeñas ciudades, con trazado regular de calles. Una de las ideas por las que surgen es evitar el lado desagradable de la muerte, se pretende alejar los cadáveres a lugares apartados, porque antes la costumbre era enterrar los cuerpos bajo el suelo de las iglesias y en sus alrededores.



A partir de la legislación de 1884 los cadáveres son separados de la población acotando su espacio a los muros del cementerio. A la ley se unió un cambio de mentalidad de la sociedad, la idea es reemplazar la tristeza de la muerte por símbolos de esperanza y al tiempo glorificar al difunto.










Los familiares encuentran opción de crear un panteón hermoso que resalte la clase social a la que pertenece el fallecido y así perpetuar su memoria. El panteón también permite reunir a todos los miembros de la familia. Los cementerios pueden terminar resultando un lugar grato para caminar observando su arquitectura, al menos así parece que está ocurriendo en algunos casos, como en el cementerio de Castro o el de Comillas donde se ha iniciado el llamado necro turismo.


En el suelo de la iglesia parroquial de Santa María de Ampuero se enterraba antiguamente a los vecinos fallecidos y probablemente también en los terrenos de su alrededor. En el verano de 2005 con las obras de la restauración de la iglesia se excavó el suelo del templo y se hallaron numerosas tumbas.










Algunas de estas tumbas aún conservaban esqueletos dentro, que fueron sacados y enviados a la huesera del cementerio. No era la primera vez, al parecer, que se levantaba el suelo de la iglesia a lo largo de su historia y las tumbas más antiguas es de imaginar que ya habían sufrido con anterioridad los clásicos expolios intencionados o daños fruto inevitable de las obras.
Foto: Rosa María Lagüera













Los restos se retiraron de forma rápida, tan sólo nos ha quedado estas fotografías pero tomadas cuando ya se habían sacado los huesos. El número de tumbas que cabía en el templo era limitado por lo que podemos pensar que en la iglesia se enterraba a determinadas pesonas que pagaban por ello. El resto de cadáveres se conducía al cementerio.
Foto: Rosa María Lagüera
















También existieron desde el siglo XVI dentro de la iglesia dos capillas que pertenecieron a las influyente familia Espina y la fundada por Diego Martínez Hierro, y en ambas se enterraba a los miembros de cada uno de estos linajes. El testimonio más antiguo que se conserva es una lápida funeraria (una placa de piedra de 1,90 por 0.80 m) con el escudo de la familia Espina. Tiene la inscripción en las márgenes: "Aquí yace el reverendo señor Sancho de Espina cura beneficiado de esta iglesia. Fundador y dotador de esta capilla. Año de 1568".















En esta foto vemos el escudo de la familia Espina realizado en madera, en él se aprecia un árbol de  espino rodeado por cinco corazones. Este escudo y el yelmo que lo acompaña se encuentran actualmente en la sacristía de la iglesia. Mucho podríamos hablar sobre esta familia que mantuvo su influencia en Ampuero durante tres siglos y poseyó su casa principal en la Torre de la Bárcena.




Aspecto actual de la capilla de los Espina, que se llamó de San Juan, y que a principios del siglo XX fue trasformada por completo por encontrarse en abandono. En el año 1824 fue enterrada aquí la última persona vinculada a la familia, que se trató de María del Rosario Narganes, esposa de Juan José de Espina. Falleció víctima de lo que hoy denominamos violencia de género.














En este dibujo que apareció hace años en la revista El Pejín de Laredo se interpreta el suceso. Juan José de Espina disparó con su pistola a su mujer en la escalera de la torre. Él argumentó en el juicio que se cayó y se le disparó el arma sin querer. Fue condenado a presidio en África. Dionisio García Cortázar cuenta con detalle este episodio en su libro "El cura negro".




















































































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