sábado, 15 de octubre de 2016

El Cementerio de Ampuero. 2ª Parte

Al cementerio se subía por un sendero que partía de la actual plaza del Orcón o de los Chones, que luego continuaba por el camino que hoy lleva a la casa de José Luis Fernández. Al cementerio se accedía por una entrada ahora cegada por la construcción de hileras de nichos.








Hoy en día mirando hacia atrás cualquier persona saca en conclusión que lo más adecuado hubiese sido que cuando se excavó el suelo de la iglesia y se descubrieron las tumbas con esqueletos el hecho se debió notificar a la Universidad de Cantabria para que se investigaran  los restos óseos. Imagino que se hubiesen obtenido datos de interés sobre la edad, la fisonomía, la estatura de aquellos antiguos vecinos de Ampuero enterrados bajo el suelo de la iglesia de Santa María, así como las causas de sus muertes.

Pero no fue así, hubo prisa por sacar los restos y trasladarlos al cementerio, tal vez porque pensaron que si intervenían arqueólogos retrasarían las obras.
Para Garper el Orcón significa en latín ultratumba, muerte, lugar a donde iban a parar los muertos. Posteriormente la subida al cementerio se realizó por Rocillo y entre 1972 y 1974 se abrió la carretera actual por la que se puede llegar en coche, que costó un millón de pesetas.
 
Los orígenes del cementerio no los conocemos con exactitud, sin duda requiere una investigación más profunda. El sacerdote Isaac Terradillos mencionaba en 1906 de manera un tanto imprecisa "que existía desde tiempo inmemorial".
En el Archivo Municipal se recoge la queja de un sacerdote en 1822 por la conducción de un cadáver al camposanto, al parecer el fallecido había muerto de viruela y cuando salió el cura y su ayudante con la cruz parroquial con dirección al cementerio no encontraron ningún voluntario para trasladar al muerto. En 1850 está escrito que junto al cementerio hay una ermita llamada de San Sebastián.
En un principio las cruces eran de madera y no dejaron vestigio. El desarrollo industrial permitió sustituirlas por cruces de hierro forjado con composiciones en relieve de un arcángel, Cristo, la Virgen, ángeles, etc. En la tumba más antigua fotografiada hará unos 15 años podía leerse: "Aquí yacen los restos mortales de Rosa Fernández de Breña que falleció el día 23 de abril de 1884 a la edad de sesenta años, Su hijo..." Y seguía más texto del que se puede leer en la foto pero ya no podemos completarlo porque esta tumba se retiró en los tiempos del cura Adolfo Linares.
 
 
 
 
Otra tumba antigua perteneciente a la señora María Rascón Martínez que falleció el 15 de enero de 1909 a los 55 años. Se encuentra en la parte central del cementerio. Es el modelo de sepultura clásico de un enterramiento en el suelo cubierto de tierra y una cruz de hierro en la cabecera.
 
 
 
 
 
 
 
Aquí vemos su inscripción.
 
 
 
 
 
 
La mayoría de estas cruces ya ha perdido su chapa identificativa y se desconoce quienes están enterrados en las tumbas. Por ese motivo se fueron retirando y dejando sitio a panteones y nichos.
 
 
 
 
 
 
 
 
Ésta está adornada con dos figuras, tal vez se trate de San Juan Evangelista que se encuentra bautizando a Jesús.
 
 
 
En este caso con un ángel.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
Arrimadas a un muro del recinto funerario se hallan depositadas algunas de estas cruces, junto a varias cadenas y pilastras que rodearon viejas tumbas.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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