lunes, 17 de octubre de 2016

El Cementerio de Ampuero. 3ª Parte.

El párroco Isaac Terradillos fue enterrado en 1934 en esta tumba cubierta por una losa de piedra y delimitada por pilastras y cadenas. En la tumba también hay enterradas otras personas de su familia, como su madre y otros sacerdotes.
































El sacerdote Isaac Terradillos.























Otra tumba del mismo estilo rodeada de pilastras y cadenas de hierro. Como ornamento simbólico coronan las pilastras antorchas encendidas, que significan que el espíritu permanece vivo y no se apaga.










Esta tumba no tiene nombre, sólo pone en ella la palabra: propiedad, no terminaron de completar la inscripción. Es pequeña por ser la de un niño, y Manuel Maza recuerda que su padre le contó que en ella está enterrado un niño gitano que se ahogó en la presa. Está decorada con pequeños azulejos de color blanco y azul, igual que sucede con la inscripción, no concluyeron de elaborar el mosaico.



















Esta es una tumba doble como existen algunas en el cementerio, sin duda pensada para descansar juntos la esposa y el marido. Esta tallada en una sola  pieza de piedra.


















En la lápida que cubre la tumba del padre podemos leer que también enterraron a su hijo, el presbítero, Daniel Rivas Mendiondo que falleció, pone en la inscripción: "Fallecido Víctima de los Enemigos de la Religión, el 10-11-1936, a los 67 años". Sabemos Daniel Rivas fue capellán de Riotuerto, que nació en Ampuero y al comienzo de la Guerra Civil fue detenido por la llamada policía roja de Santander, y fue llevado a la conocida checa de Neila, su cadáver junto con el de otras dos personas apareció en Ruiseñada, Comillas.


En la cruz de cabecera están escritas las letras alfa y omega, la primera y la última del alfabeto griego, simboliza el principio y el final de la vida. En el centro se encuentra el llamado Crismón, que es el símbolo de Cristo, compuesto por las letras x y p, superpuestas, que son las iniciales de Cristo en griego. La x la forman dos tibias cruzadas.






Decorando el friso de un panteón volvemos a encontrarnos el alfa y omega, lo que significa el principio y el fin, la vida y la muerte. Se ha dicho con mucho acierto que los cementerios son lugares de silencio pero que no dejan de hablar a través de los signos y símbolos que encontramos tallados.






Aquí encontramos en las pilastras de un panteón las antorchas encendidas esculpidas en hierro.













En esta ocasión por la antorcha encendida tallada en relieve en la piedra caliza del panteón de la familia Ruiz- Cano va resbalando la cera que se va derritiendo y va adoptando la forma de huesos. En este caso su significado parece una reflexión sobre el paso del tiempo, la brevedad de la vida que se extingue.


















Aquí vemos una tumba de arquitectura destacable con doble sepultura. Sus remates puntiagudos nos recuerdan al estilo neogótico usado mucho en los cementerios a principios del siglo XX. Pertenece a la familia de Moisés Aguilera.

















La tumba de Torío López muestra el clásico sarcófago elevado sobre una plataforma y con una cruz en la cabecera. Sin embargo todo el monumento es ornamental ya que es en la parte delantera donde se encuentra la cripta subterránea.


















La tumba de la familia Cuadra es muy llamativa, tiene una estructura modernista, es del año 1926. La construcción es únicamente decorativa ya como en el caso anterior, el acceso a la cripta es independiente.



















Este monumento contiene algunas grabaciones llenas de simbolismo, aquí vemos los 3 Clavos de Cristo y una cenefa de espinas. En clara alusión al calvario de Jesucristo.











En esta otra vemos la concha del bautismo, incluso uno podría imaginar que han querido sugerir también una calavera, con lo cual tendríamos la representación en la misma imagen del principio y el final.













Y esta hoja de palma entre dos columnas. Las palmas simbolizan el triunfo sobre el pecado y la muerte. Manifiesta que con la fe se alcanza la resurrección y la vida eterna.















El edificio donde se encuentra hoy el Restaurante La Pinta fue la casa donde vivió el indiano mexicano Patricio Cuadra y Lombera, descendiente de Bernales y propietario del panteón que hemos visto antes.











Aquí vemos el retrato de Patricio Cuadra, en la ficha en la cual se registró como emigrante español en México. Patricio adquirió a perpetuidad el terreno del cementerio parroquial para construir un panteón al comprarlo por 750 pesetas a Víctor Rivas del Rivero, el 6 de julio de 1925. Es una parcela de terreno de 4 metros cuadrados en la zona destinada a panteones de tercera clase. Nos llama la atención que conste en el documento eclesiástico, lo de tercera clase, porque realmente nos parece que su panteón esta bien situado. Imaginamos que los de primera clase serán aquellos que se encuentran en la entrada, (vamos en primera línea de playa).













































2 comentarios:

  1. Me ha llamado la atención la foto de la ficha de Patricio Cuadra, se puede apreciar que lleva en la cabeza un objeto, un pliegue o trapo (se ve perfectamente en las dos fotografías)
    Judío no fué, verdad?

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  2. El documento estaba grapado y lo que se ve sobre la cabeza es la huella que dejó la grapa. Por cierto este señor fue el que llevó luego a México a trabajar con él a los hermanos Fernández, "los Pelos".

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