domingo, 23 de octubre de 2016

El Cementerio de Ampuero. 5ª Parte

Este panteón pertenece a la familia Ruiz Rivas. Es el más voluminoso y no tiene cripta subterránea, lo que evita muchos problemas de humedad que se dan en otros panteones por no contar con buenos desagües. Es de 1926. Contiene capilla y dentro de ella en los costados van los nichos. Es el único que va firmado por el arquitecto que lo diseñó. En este caso fue Emilio de la Torriente Aguirre.


Fue arquitecto diocesano, diseñó la iglesia de San Pedro Advíncula de Cobreces, de estilo neogótico en 1894. Llevó a cabo la restauración de la Catedral de Santander y proyectó el Colegio de los Salesianos. Fue arquitecto municipal de Laredo sobre 1915.
En Ampuero Emilio de la Torriente dejó mucha huella, diseñó la fuente farola de la plaza, el ayuntamiento, las escuelas y varias casas. Murió en 1949 a los 90 años.



Interior de la capilla presidida por una estatua de San Juan Evangelista.





















En este panteón también hay esculpido un reloj de arena, en este caso con alas para acentuar la velocidad en que transcurre el tiempo, esta figura alegórica se denomina clepsidra y es frecuente encontrarla en los cementerios.









La casa que levantó en Ampuero el indiano Ulpiano Ruiz Rivas, allá por 1920, un edificio cúbico con amplios ventanales y amplio jardín con árboles de gran porte (palmeras, pinos).














Otro panteón destacado es el perteneciente a la familia Ruiz Cano, tiene cripta en el exterior y capilla dentro. Cuatro grandes antorchas de piedra por las que resbala la cera, protegen sus cuatro esquinas y una quinta antorcha encendida sirve de remate al monumento.
















Pero lo que más llama la atención son las cuatro aves, con largos cuellos y con alas desplegadas que parecen custodiar el reposo de los enterrados en este panteón al estilo de las tumbas egipcias. Da la impresión que se trata de buitres y no sabemos muy bien como interpretar su significado. Podríamos pensar que el muerto a través de estas aves va a resurgir de sus cenizas en una alusión a la victoria sobre la muerte. El alma va a volar hacia el cielo.



Aquí vemos con más detalle la cabeza de uno de estos espectaculares pájaros.



















Otra visión del panteón.

















Las flores son el elemento ornamental más esculpido en el cementerio. Para algunos son metáforas de lo transitorio, de la brevedad de la vida, son bellas pero enseguida se marchitan. Siempre han estado ligadas con la muerte, mitigaban el olor de los cadáveres en los velatorios. Aunque lo que tenemos más presente de las flores es que son las ofrendas que se depositan como recuerdo en las tumbas en los aniversarios. Aquí vemos el panteón de la familia Vega Camino de 1912, su fachada está decorada con dos antorchas y con un friso floral muy llamativo por contener muchos elementos vegetales.

Estas de aquí parecen rosas, en tal caso símbolo de la pureza y el amor.











Vemos la adormidera o planta del opio, que se extrae de esas cápsulas que parecen bolsas o pequeños jarrones. Va asociada al sueño, los muertos descansan hasta el día de la resurrección. Están dormidos en los brazos de Morfeo.









La adormidera es una planta parecida a la amapola. Un símbolo pagano que se ve mucho en los cementerios.









Esta planta aparece labrada en la forja de la puerta del panteón de la familia González Trujeda, que es el de la escultura del ángel que señala con el dedo hacia lo alto.











Posiblemente aquí veamos representada de nuevo esta flor, la adormidera, en este caso con los pétalos abiertos.












En el detalle de esta verja vemos también la misma flor.















Vemos el panteón de Vega Camino al completo, en la verja de hierro se representa un alfa y un omega con remates florales.





































En este panteón propiedad de Manuel Rascón, construido en 1910, se talló en la fachada una hoja de acanto, que es una planta muy utilizada en la decoración de la arquitectura clásica en los capiteles griegos y romanos.





















La hoja de acanto.














Una fila de hojas de acanto y debajo dentro de una hornacina encontramos tallada en el mármol la representación de la guadaña. Se trata del panteón de nuevo de González Trujeda.











Una antorcha boca abajo y la guadaña. Un espectro con capucha que porta una guadaña y siega las vidas de los seres humanos para llevarlas al otro mundo. Símbolo del tránsito.








No podía faltar la calavera, símbolo macabro, símbolo de la muerte, de la caducidad de la existencia. Pero la calavera también simboliza la muerte corporal y el renacimiento espiritual.











Esta otra de apariencia aún más siniestra si cabe se encuentra en el mismo panteón, en el del ángel que señala al cielo. Una está por detrás y otra por delante.












Y el reloj de arena con alas.















Aquí vemos el panteón coronado por la escultura de un ángel. Los ángeles son las figuras que más destacan en los cementerios, son los guardianes, los que van a guiar las almas ante la presencia de Dios.



















En la inscripción leemos que pertenece a la familia González Trujeda Aparicio. La entrada a la cripta que contiene 9 nichos, se encuentra en el interior, en el suelo de la capilla.






















La palabra ángel proviene del griego y significa mensajero, este ángel de cabellos ondulados y rostro sereno, posee la polaridad masculina y femenina fusionadas, supone la eterna juventud.







Está esculpido en mármol blanco, símbolo de pureza, originario de las canteras italianas de Carrara, material muy valorado y utilizado por las familias pudientes de la época.










Lleva las alas plegadas a la espalda y con ello contribuye a incrementar la sensación de recogimiento espiritual y duelo. Señala con su dedo hacia arriba como queriendo indicar el camino por el que guiará el alma del difunto. Sostiene una rama de palma, como ya dijimos símbolo del triunfo sobre el pecado y la muerte.






Detalle del enrejado de la puerta por la que se accede a la capilla, está esculpido finamente con motivos geométricos y vegetales.












Toda la belleza exterior contrasta con la fisonomía austera del interior, un espacio afectado por filtraciones de agua. En la capilla no encontramos otra cosa que un pequeño altar construido en época moderna, que contiene una hornacina para recibir la urna funeraria con las cenizas de un difunto. En el suelo en una losa que se levanta se encuentra el acceso a la cripta.






CONTINUARÁ...













































































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