domingo, 30 de octubre de 2016

El Cementerio de Ampuero. 9ª Parte

Me contó Manuel Maza que hace años realizando tareas de reparación en la cripta de un panteón lleno de agua, hallaron el cadáver de una mujer en un estado de conservación sorprendente, el agua estancada fue como si hubiera embalsamado el cuerpo y ello a pesar de haber pasado mucho tiempo desde su muerte. Conocido este detalle la hija de la fallecida quiso ver a su madre porque nunca lo pudo hacer en vida ya que su progenitora murió al nacer ella. Y según me contó Maza quedó satisfecha de haber podido ver su rostro.
En la foto vemos un rosal tallado en el mármol del mausoleo del Ángel.



El mausoleo del Ángel es el monumento más alto y más llamativo del cementerio. La escultura del Ángel, de unos tres metros de altura, sostiene en cada mano una corona de laurel para anunciar la victoria, el premio del paraíso para el difunto. Se alza en una plataforma circular soportada en otra de mayor tamaño. Ambas se sostienen por tres columnas de estilo jónico y un pilar central a modo de obelisco.













Los ángeles son los intermediarios entre lo celestial y lo terrenal. La historia de este monumento nos la contó Garper en un suplemento de "El Diario Montañés", Vicente Setién también le contó algunas cosas. "Habiéndose quedado huérfanos unos hermanos de la familia Ruiz Lavín (descendientes de quienes fundaron la ciudad mexicana de Gómez Palacio) fueron acogidos por una tía, Juana Ruiz Lavín que los cuidó como si fueran sus propios hijos".
Como anécdota debemos contar también que en los años cincuenta cayó un rayo sobre la figura del ángel y lo arrancó un brazo, el ángel fue después restaurado y después colocaron un pararrayos justo a su lado.











"A la muerte de Juana sus sobrinos conocidos cariñosamente en aquella época como "los campiranos" se empeñaron en construir este mausoleo en el que tan sólo esta enterrada su tía".
Campirano he descubierto que es una denominación mexicana que viene a significar algo así como serrano, ranchero, rural... Y ya no está enterrada únicamente ella sino que hay más miembros de su familia depositados en el interior de este espléndido monumento.


"Juana falleció el 7 de abril de 1912 a los 68 años. Volcados de lleno en el empeño de ofrecer a su tía este homenaje que perpetuase en el tiempo su recuerdo, se dice que trajeron mármol de Carrara y dos escultores de Italia para que realizaran este trabajo".

Que interesante sería poder recordar más detalles de aquel episodio que sin duda despertaría enorme atención en el Ampuero de primeros de siglo, incluso se tomarían fotografías del acontecimiento.







"A la entrada del cementerio montaron una caseta a modo de taller y allí esculpieron artísticamente las piezas de mármol. Inés una de las sobrinas se casó con Antonio Ruiz Torre, médico nacido en Medina de Pomar que fue alcalde de Ampuero".
Figura entre la lista de alcaldes el señor Manuel Ruiz Torre, como alcalde de Ampuero en 1924 y 1925. En fin sea Antonio o Manuel: "de ese matrimonio nació Antonio Ruiz y Ruiz, el que fuera ingeniero jefe y delegado de Obras Públicas en Cantabria, nombrado Hijo Predilecto de la Villa.
La calle que va hacia Tabernilla lleva su nombre en agradecimiento a todas las cosas que hizo por el pueblo". Los restos de Antonio Ruiz y Ruiz y de otros familiares también reposan en este mausoleo.

En las verjas de hierro que rodean este monumento se pueden ver labradas artísticas composiciones. En esta parece que se intuye la cruz y el alfa y el omega. Y están representadas distintas flores, como la del laurel y la adormidera con los pétalos abiertos.





Aquí vemos en una barra de la verja más fácilmente las cápsulas de la adormidera de las que se extrae el opio.








Y sobre cuatro sólidas pilastras de piedra distribuidas en los vértices hay cuatro faroles incorporados, son elementos decorativos que sugieren que el monumento bien merece ser admirado, pero también era costumbre pagana colocar faroles en los hogares para ahuyentar los malos espíritus en la noche. Así mismo los faroles tienen el objetivo de alumbrar el camino del alma del fallecido.
















En los capiteles de inspiración clásica las volutas, esos adornos en espiral propios del orden jónico, que algunas veces se  llaman de forma popular caracoles, apreciamos también motivos vegetales.











No podía faltar tampoco el reloj de arena con alas esculpido en la parte frontal del monumento.















Por último en los boceles de las columnas encontramos labrados de manera caprichosa varios rosales.













Continuará...























































































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